Memorias del Foro: El Agua en Margarita

Memorias del Foro:

El Agua en Margarita de la Cátedra de Identidad

José Joaquín Salazar Franco “Cheguaco”

Recopilación: España, Karla (2017)

La Cátedra de Identidad José Joaquín Salazar franco “Cheguaco” es una iniciativa interinstitucional de la Universidad Nacional Abierta, el centro de Estudio y Difusión de la Música Neoespartana, la Academia de la Historia Regional, la Asociación de Cronistas del estado Nueva Esparta, el Diario sol de Margarita y la Fundación Cheguaco. Esta iniciativa ha recibido el patrocinio de la Universidad Corporativa Sigo y tiene al aval del Vicerrectorado Académico de la Universidad nacional Abierta, en el marco del Programa Educativo y Recreativo del Subprograma de Extensión Universitaria de esa institución de educación superior.

En el 2017, mantiene una agenda de foros abiertos, cuyas temáticas giran en tornos la identidad. El primer foro del año, fue titulado El agua en margarita. En este foro participaron como ponentes el Lic. Domingo Carrasquero y el Lic. Francisco Castañeda.

Compartimos parte de las experiencias expuestas y los diálogos generados con la audiencia en torno a ellas.  Iniciamos con los resultados del registro realizado sobre la ponencia de Domingo Carrasquero, titulada Cultura del Agua en Margarita  , para luego compartir el ensayo escrito y compartido por la audiencia por Francisco Carrasquero.

II

La Cultura del Agua en Margarita

(Registro sobre la ponencia de Domingo Carrasquero)

Domingo Carrasquero presentó una interesante disertación sobre La Cultura del agua en Margarita, tomando como caso de estudio la parroquia Guevara, de la población de Tacarigua, zona a la que le atribuye la condición de “zona más hídrica de Margarita.

La Isla de Margarita tiene fuentes de agua naturales con débiles caudales en situación de deterioro. Esta condición, aunada al incremento de la presión demográfica, ha generado verdaderas condiciones de riesgo que fueron analizadas durante ambas ponencias. Carrasquero, representante de la Fundación Cheguaco ante la Cátedra de Identidad, hizo un interesante recorrido por la historia, mostrando las distintas innovaciones introducidas en la gestión del agua, que dieron forma a la particular cultura del agua en margarita. Haciendo referencia a documentos de Fray Juan Manuel Martínez Manzanillo, mostró imágenes del riachuelo denominado El Copeicillo o Río de la Asunción, un ramal que desemboca Tacarigua adentro.

Sobre los orígenes de la cultura del agua, Carrasquero mostraba cómo los habitantes en una primera fase de su poblamiento, se dirigían a los cursos de agua, dotados de recipientes, para recolectar el agua de consumo doméstico. En torno a esa faena, se desarrollaban conversaciones e interacciones entre los pobladeños, que aportaban a la constitución de su cultura. En Tacarigua esta primera fuente natural tenía su punto de interés social en el conocido pozo de la vieja ondanada. Cerca del año 1700, 5 aljibes eran incorporaciones tecnológicas de la corona, establecidas con intereses de satisfacer las necesidades de abastecimiento de agua por parte de la población. No fue sino hasta mediados de 1928 cuando se instala lo que Carrasquero denomina como la primera obra de envergadura, se trata de la vieja caja de agua, un modernismo de la época que, aún en tiempos actuales, preserva condiciones para su reincorporación al sistema de abastecimiento de la población. El estado, con esta construcción, “acercó el agua a la población” El uso de la caja fue normado y con esa normalización, el orden social fue tomando forma. La integración social ocurría entonces en torno a la toma de agua, durante la espera de los procesos de llenado.

Entre los años 1936 y 1938, fueron construidas las galerías filtrantes, una infraestructura de aproximadamente 720 metros de longitud que constaban de rejillas de tamizado para atrapar impurezas grandes. Según información de Carlos Galea, solo existen dos galerías filtrantes en Margarita. La de Tacarigua y la de san juan Bautista. Esta innovación introdujo una práctica sanitaria que, aun siendo en un nivel primario, ya comenzaba a denotar en la conciencia del colectivo, la preocupación por el tema sanitario.

Posteriormente fue construida la caja nueva, una tecnología surgida como iniciativa del estado, en respuesta a la creciente presión poblacional. Fue así como comenzó este pequeño sistema, a surtir a las poblaciones de La Vecindad y juan griego. Esta obra marcó el inicio del abastecimiento de la región norte. Hacia dentro de las poblaciones, comenzaron a instalar el sistema de alcantarillado. Alcantarillas y los referidos “burritos” de 1.10 mts., fueron instalados por pares en las poblaciones de sana Sebastián y Corazón de Jesús. 77 años después, este sistema es el que aún suple a Tacarigua de agua. Un elemento tecnológico de interesante análisis, es el molino de viento, que aún se puede observar. El permitía generar la energía necesaria para el sistema de captación.

En medio de este desarrollo, la población comenzó a generar, por ingenio popular, nuevas tecnologías artesanales complementarias. Tal es el caso del uso de sistemas de carga manual que permitían el arreo de dos baldes de agua sobre los hombros de los pobladores.

Hasta este momento histórico, el sistema de abastecimiento será integrado, según sus fases, en los riachuelos, que desembocaban en la caja vieja y posteriormente en la caja nueva, para luego integrarse al subsistema conformado por los molinos, alcantarillas y burritos.

Entre los años 1962 y 1964, fue construido el acueducto actual, que fue diseñado para una capacidad que hoy en día ha sido rebasada por miles debido al crecimiento de la población.

“Agua para Tacarigua”, ha sido un clamor histórico de esta población, que a pesar de estar signada su cultura por esta seria deficiencia, han logrado desarrollar verdaderos elementos de identidad y arraigo por su tierra.

Las conversaciones surgidas luego de la intervención de Carrasquero, intentaron demostrar que ciertamente el estado ha sido el principal gestor de la ampliación del sistema de abastecimiento de agua. Pero que estas acciones han quedado desdibujadas en el tiempo por la ausencia de acciones concretas para responder al crecimiento poblacional. La construcción de un tanque a la altura del mirador de Tacarigua, en palabras de Carlos Galea -antiguo trabajador del INOS- es una decisión desacertada, en virtud de que el agua no llega en caudal suficiente para su provecho. Según Galea, el agua ha llegado al tanque, por tradición, mediante sistema de bombeo. Este tipo de abastecimiento, sumado a la captura de agua de lluvia, ha sido la fuente habitual de abastecimiento, por demás insuficiente. Las opiniones de expertos sobre la posible solución, pasan por medidas alternas como que la fuente de abastecimiento sea el río santa Ana o el Río San Juan.

Clavellines ya no satisface a Margarita, ya que las tuberías han sido recortadas y desviadas hacia Cumaná. El 65% del agua que es trasladada a Margarita desde este origen, es desperdiciada por el creciente deterioro de las tuberías. El abandono de prácticas preventivas como la protección catódica, ha acelerado estos procesos de deterioro. Esta situación ha sido empeorada por la proliferación de tomas clandestinas y la desatinada autorización a conuqueros, de tomas por parte del estado.

Anteriormente, otra medida preventiva, consistía en la instalación de válvulas reguladoras de presión, que permitían establecer límites de uso mínimo y máximo.

En el momento actual, la gestión del estado se ha ido orientando a la recuperación y reincorporación al sistema de abastecimiento, de los antiguos aljibes

II

CULTURA DEL AGUA EN EL ESTADO NUEVA ESPARTA

NOTAS PARA SU ESTUDIO

Francisco E. Castañeda M.                                                                (fran.caman@hotmail.com)

 

Antes de entrar a considerar el tema de exposición que nos corresponde, permítaseme el señalamiento siguiente:

La compleja estación climática existente en la isla de Margarita, resultante de la relación lluvia-sequía, ha influido significativamente en la actividad agrícola y agropecuaria en general. Tradicionalmente, aparte de la explicación científica del porqué de su prevalencia, también existe una concepción que se mueve en el mundo de la religiosidad popular, en una especie de sincretismo entre la religión católica y las concepciones religiosas de raigambre indígena. Veamos:

 

“En este presente año de 1608 reinaba en esta isla grandísima sequía y esterilidad, porque hacía mucho tiempo que no había caído una gota de agua. Ordenáronse rogativas y procesiones, y resolvieron llevar con pompa y solemnidad la Imagen de Nuestra Señora del Valle desde su santuario hasta La Asunción. Formóse un gran séquito de fieles de todas las edades y condiciones […] Salieron con tiempo bonancible y despejado; pero la plegaria, a la cual no faltaría el rezo del rosario, prosiguió hasta llegar a la muralla de la ciudad; pues, para precaverse de los frecuentes ataques de corsarios y piratas, la habían rodeado de un muro de tapias. Lo grande y maravilloso del caso fue que al entrar la Imagen por la puerta de la ciudad, estando hasta entonces el tiempo y el cielo muy claros y serenos, sin muestra alguna de aguacero, súbito y arrebatadamente principió a llover copiosamente y sin discontinuidad durante todo aquel día y la noche siguiente […] Atónitos por tal suceso, todos, a una voz, reconocieron la portentosa intervención de la Madre de Dios en su advocación de Nuestra Señora del Valle […] Huelga decir  que se remediaron las tierras y que la cosecha de maíz fue en aquel año muy abundante y que con ella se favorecieron todos los vecinos de la isla”[…] (Hermano Nectario María, 1986: 85 y 86).

Los campesinos margariteños utilizan el término conuco para identificar al círculo o corona luminosa que suele formarse bien alrededor del sol o de la luna: Cuando ocurre en el contorno lunar, significa buen tiempo, buena cosecha, fortuna y cuando se presenta en torno al sol, sucede lo contrario: mal tiempo y mala cosecha, de mal en peor (Salazar Franco, J.J., 1981: 62).

I

La provisión y suministro del agua para la satisfacción de las necesidades domésticas y el regadío de los sitios de labranza en el actual territorio neoespartano ha sido una constante histórica en virtud de la no existencia en su espacio geográfico de mantos de aguas continuos que tengan corrientes caudalosas, solo se encuentran algunos cauces de parcas aguas que desarrollan su torrente cuando se producen copiosos aguaceros sobre todo en determinados meses del año, específicamente en noviembre, diciembre y enero, gracias a la influencia que ejercen los vientos alisios lo cual trae como consecuencia el que se produzcan las máximas precipitaciones. Durante los meses restantes, las lluvias se presentan de manera ocasional coincidiendo algunas veces con las que ocurren en tierra firme.

A  pesar de ello,  el hombre insular se ha valido de diversos y variados procedimientos para garantizar la provisión de ese preciado líquido. Así, desde los primeros tiempos de la ocupación del territorio cubagüés: estéril y pequeña/ sin recurso de río ni de fuente/ sin árbol y sin rama para leña/ sino cardos y espinas solamente (Castellanos, J., 1962: Eleg.XIII, Canto 1,Verso4), aproximadamente unos 4.000 años antes del presente,  independientemente de que las condiciones geoclimáticas de esa ínsula eran distintas a las que presenta actualmente pues, en dicha época, debido a la ocurrencia de un proceso de transgresión marina,  en su superficie “afloraban algunos manantiales de agua dulce ” (Suárez y Bethencourt, 1994: 21) así como también, según nos refiere la doctora Cecilia Ayala, el índice pluviométrico era superior al de los tiempos presentes, facilitándose por tanto la obtención de agua dulce (Ayala L., 1996: 35), mas, sin embargo, como en dicho espacio nunca han existido corrientes naturales de agua,  sus primeros pobladores realizaban pozos más o menos profundos para obtener agua del subsuelo (Vila, M.A., 1958: 99). Es menester señalar que muchos pueblos del Caribe durante ese período prehispánico, como parte de los procedimientos usados para almacenar agua, solían colocar el caparazón que cubre el cuerpo del botuto (Strombus gigas), de tal manera que “cuatro de estas conchas boca arriba sobre la arena, en su interior podían retener hasta un litro de agua de lluvia” (Antczak y Antczak, 1986: 22).

Una vez establecidos los colonizadores hispanos en el territorio cubagüés, el agua se seguía obteniendo mediante el procedimiento de apertura de pozos, tal como se evidencia en la Real Cédula del 30 de diciembre de 1532, donde se autorizaba la construcción de pozos “porque en ella hay agua para el dicho proveimiento”. Sin embargo, es conveniente señalar que el agua extraída de esas fosas no era suficiente para atender los requerimientos de una población la cual, durante el período de mayor apogeo de la explotación perlera, superaba los mil habitantes por tanto tenía que traerse de la isla de Margarita “de jagüeyes hidiondos y salobres” (Castellanos, J., op.cit: 115) localizados en el puerto de Punta-las- Piedras pero principalmente de la costa de la tierra firme comarcana, es decir del río Cumaná o Chirivichi como también se le denominaba, “río harto, bueno y abundante que me ha apagado a mí hartas veces la sed” según refería el cronista fray Pedro Simón (Vila, P.,1969: 192).

La distancia que separa a Cubagua de Cumaná es de 24 millas náuticas, 44 kilómetros aproximadamente  y de Margarita, 5 millas náuticas, es decir, 9,26 kilómetros. La diferencia radica en que la travesía hacia Margarita se hacía en embarcaciones pequeñas, a golpe de remo y el agua había que sacarla o bien de los pozos insalubres cercanos a Punta de Piedras o del interior de la isla en la zona de mayor fertilidad del suelo lo cual requería de mucho tiempo y dedicación para tales menesteres. Mientras que hacia Tierra Firme la navegación era a vela, en embarcaciones más grandes. El viaje de ida se realizaba durante el día aprovechando los vientos alisios del norte y del noreste y el retorno se hacía en horas nocturnas, ayudados por las brisas terrales. La mayor ventaja era que el agua, la obtenían directamente de la misma desembocadura del río.  (NOTA: 1 milla náutica: 1Km. 852 mts. Unidad de longitud empleada en la navegación marítima y aérea).

La importación del agua al igual que la de la leña, gracias a la riqueza y prosperidad que presentaba esta árida e inhóspita isleta durante las primeras décadas del siglo XVI,  favoreció sustancialmente el negocio de las embarcaciones dedicadas a ese comercio. Para esos años, era más caro un litro de agua que un litro de vino a pesar de que esta bebida se importaba directamente desde Sevilla pero circulaba tanto dinero en la ciudad neogaditana que uno de sus representantes más conspicuos, Antón de Jaén, importaba un promedio anual de cinco mil ducados en agua y leña para su mantenimiento y el de su empresa perlera (Castellanos, J. Ibídem, 108). Para que tengamos una idea de cuán grande era esa cantidad de dinero, mucho años después de haber dejado de existir la Nueva Ciudad de Cádiz de Cubagua, en el año de 1595 y en pleno apogeo de la explotación perlera en la isla de Margarita  la cual aportaba por concepto de pago del impuesto conocido como el “Quinto Real” un promedio anual de 150.000 ducados, reconocido entre los más altos ingresos que recibía del Nuevo Mundo el Tesoro Real, uno de los gobernadores insulares de ese período, Pedro de Salazar, solo ganaba un mil quinientos ducados al año (Morón, G., 2003: 24), mientras que el de la isla de Jamaica, un territorio relativamente pobre, el sueldo anual de su gobernante apenas era de 600 ducados. De acuerdo con un estudio del año 2005 realizado por la Junta de Andalucía, un ducado de la época correspondiente al Siglo de Oro español, equivale, actualmente, aproximadamente  37,50 euros (Zafra Peña, Ildefonso, 2005: Assertum).

Resulta conveniente señalar además, con referencia al territorio cubagüés, que en los comienzos de la pasada centuria, los señores Severo Campos Lárez y Gabriel Gómez construyeron un pozo conocido con el nombre del “Hato de la Cabecera”, el cual proporcionaba suficiente cantidad de agua a los grupos pescadores allí establecidos. Asimismo, a mediados del siglo próximo pasado, el señor Mamerto Marval excavó también un pozo denominado de “El Medio”, que satisfacía las demandas de este valioso recurso hídrico a la población de pescadores asentados en las rancherías de Punta Arenas, Playa del Cautaro y El Brasil (Cervigón, F., 1997: 25 y 33).

Próxima a las ruinas de la ciudad de Nueva Cádiz, en un sitio de muy poca altura, existe una fosa de grandes dimensiones, “posiblemente de origen natural que se utiliza como depósito de agua de lluvia y que con un fuerte aguacero dicha poza se llena completamente y logra abastecer de agua dulce por casi dos años a la escasa población” (Lassi, 1979: 64).

II

En lo que respecta a la próxima isla de Coche, al igual que Cubagua, también se trata de un territorio árido donde tampoco existen mantos de agua continuos. Igualmente en ella, y de acuerdo con esa ancestral tradición, se excavaron numerosos pozos para obtener del subsuelo el vital líquido. Los detalles al respecto, serán ampliados por nuestro amigo y colega Jesús Rafael Cedeño. Sin embargo, quisiera referirme a una interesante nota de prensa publicada en el Diario EL SOL, Decano Oriental en su Edición Nº157, del 1-V-1901, en la cual se informa que para el segundo semestre de ese año la población de la isla de Coche podrá contar con su acueducto el cual se realizará de acuerdo con el siguiente procedimiento: “Se llevará el agua de los cerros de “Ochenta” hasta El Yaque, en donde se hará un buen depósito y de ese lugar irá a San Pedo de Coche en buque propio, a los estanques que haga construir allí la Junta Directiva de la Obra. Para estos trabajos el Gobierno Nacional erogará la suma de ciento veinte mil bolívares” (Navarro, N.: 2008: 83, T.I.). Ciento quince años transcurridos y la isla de Coche vive la misma penuria en lo que abastecimiento y suministro de agua se refiere.

III

En  relación con la isla de Margarita,  en su espacio oriental han pervivido de manera activa varios afluentes originados en el reservorio hídrico de la sección montañosa más alta de los cerros Copey y Matasiete, entre los que destacan primordialmente: La Asunción, el San Juan, El Espíritu Santo o El Valle, El Cupeicillo de Tacarigua y la Aguada de Pedro González (Atlas Básico del estado Nueva Esparta, 1997: 15), los cuales han contribuido con el regadío de pequeñas plantaciones y abastecimiento de agua para el consumo doméstico. Sin embargo, la provisión del preciado líquido en la mayoría de las localidades insulares en los períodos de escasas precipitaciones pluviales y muy particularmente antes del año de 1960 cuando entró en funcionamiento el Acueducto Submarino, se hacía, tal como lo señalábamos anteriormente, mediante la construcción de pozos de cierta profundidad para obtener agua del subsuelo de acuerdo con los procedimientos tradicionales propios de sus pobladores originarios.

Sobre el particular, leamos lo que nos comenta el señor Prisco León Quijada sobre los recursos puestos en práctica por los habitantes de la comunidad de Los Millanes, para proveerse del vital líquido: “Fue conveniente escoger cuatro sitios equivalentes, que al herir la tierra en sus entrañas permitiera el almacenamiento y posterior abastecimiento de todos en general. Es así como utilizando sus típicas herramientas hacen a la luz cuatro embalses denominados ‘Vicuña’ y ‘Contreras’ en el caserío Bermont; ‘Los Millanes’ y ‘El Pocito’, en las adyacencias de la misma tierra […] El agua de beber, generalmente, se buscaba en el pozo de Vicuña, ya que las características especiales que poseía en su fondo y laterales (grandes lajas) permitía mantenerla en condiciones clara y semilimpia. Cada uno de los pozos tenía su propio encargado o celador. Estos depositarios de la confianza popular tuvieron la misión de vigilar, abrir y cerrar los portones, después de racionar el agua, que en múcuras, panas, tinajones, barriles, tambores y todo medio útil sobre los hombros, en la cabeza o en burros se cargaba (S/f, capítulo XVII).

Otro testimonio de especial significación es el proporcionado por la señora Adelina del Valle Rodríguez, oriunda de la población de El Tirano, a la profesora de la Universidad de Oriente, Ana Méndez Quijada:

Investigador: ¿Cómo hacían ustedes para obtener el agua?

Informante: “Al pozo de agua íbanos con taparo, íbanos con mapires y las taparas dentro de los mapires atrás, ibanos a buscar agua una pandilla de muchachos y muchachas, allá nadábamos […]llevábamos nuestras comías[…]también íbanos a lava, ahí se lavaba bastante, un bojote de ropa por un bolívar (1979: 92).

Los pozos fueron la panacea para solventar la escasez de agua en el espacio geográfico insular. Cada poblado procuraba obtener el preciado líquido auxiliándose con la perforación de esas cavidades. Así, los encontramos, por ejemplo, en Punta de Piedras, en El Guamache, en Robledal, en Boca del Río, en Boca del Pozo, por cierto, esta comunidad recibe ese nombre, como lo señala el historiador Heraclio Narváez, “en alusión a la boca del pozo viejo que está a la salida del pueblo. Este pozo de agua salobre mitigó en el pasado la sed de los moradores de esta zona y para obtener un recipiente con agua, cada persona debía sacar del pozo diez canastas de barro” (Narváez, H., 2000: 22). Aproximadamente medio día se ocupaba en proveer el agua necesaria para satisfacer las necesidades de cada familia (Véase: Colina, R., 1998: 150). Era propicia esa ocasión para que los pobladores conversaran e intercambiaran ideas sobre las  cotidianas vivencias logrando, como nos refiere Jesús Rafael Cedeño, una mayor integración entre las habitantes de cada una de esas comunidades así como también, el fortalecimiento de los vínculos de cooperación y ayuda mutua (Cedeño, Jesús R., 2007: 56).

Desde el pozo, se trasladaban las mujeres hacia sus hogares llevando sobre la cabeza, protegida por un rollete  o aditamento de tela, recipientes cargados de agua. Hábito motor, de posible raigambre africana a diferencia de la tradición indígena donde la carga se transporta en una cesta denominada Catumare, la cual se coloca sobre la espalda de la mujer asida a una cinta sujetada a la frente. Según José Joaquín Salazar Franco (Cheguaco), “era curioso ver a las mujeres transportar el agua desde los pozos, aljibes, manantiales distantes en muchas horas de largo caminar, portando con igual destreza la enorme ‘múcura’ suelta en la cabeza equilibrista, colocada sobre la ‘rodilla’ (rollo de trapo) prensada en la cabeza como amortiguamiento de tan pesado objeto”(Salazar Franco, J.J., 1971). Respecto de este hábito motor, leamos lo que refiere la copla popular: La mujer margariteña/ siempre tiene su nobleza/ buscando el pan de sus hijos/ con la mara en la cabeza/ (Isabel Aretz, citado en Gómez Rodríguez, A.F.) El tradicional refranero insular no se queda atrás cuando nos dice, en el caso de las jóvenes que se están haciendo mujer, “Si puede con una tinaja de agua, también puede cargar un hombre encima”. Años más tarde, cuando se popularizaron los envases de hojalata, estos, eran utilizados para cargar agua “cruzados por sobre los hombros en una vara y  colgados en los extremos y eran conocidos con el nombre de “pingos” (Salazar Franco, J.J., 1986: s/n/Pg.).

Ahora bien, regresando al asunto de los pozos, esas excavaciones eran llamadas jagüeyes (xagueys, voz indígena autóctona, Otte, E., 1977: 3) o casimbas, denominando así a los fosos u hoyos profundos hechos a orillas de los ríos o del mar de donde se obtenía un agua salobre de muy baja calidad y pureza los cuales se usaban también como depósito de las aguas de lluvia. Agustín Codazzi, en su obra Resumen de la Geografía de Venezuela, refiriéndose a los pescadores que frecuentaban la isla de Cubagua, anota que éstos “concurren en gran número todo el año, y se sirven del agua traída de Margarita o de la costa de Cumaná o hacen ‘casimbas’ que dan un agua salobre (1940: T.III, 299). Julio C. Salas, considera que el vocablo ‘casimba’ es de filiación lingüística guaiquerí y que significa pozo (1971: 279).

Sin embargo, Nicolás del Castillo M., afirma que se trata de un vocablo de la lengua kiMbundu de origen bantú propia de la región Congo-Angola: kissiba o kixima, equivalente a la cacimba del idioma portugués y que también significa pozo (1995: 74). Por su parte, el etnólogo cubano Fernando Ortiz, sostiene que en la región del Congo el significado de dicho vocablo es igual al que conocemos pero considera que la voz en referencia no es un afronegrismo sino un afroarabismo la cual se extendió por una buena parte del territorio congoleño y de allí fue traído a tierras americanas por los esclavos pertenecientes a esa etnia (citado en Megenney, W., 1979: 118).

Sea como fuere, en la isla de Margarita, una de las principales fuentes de agua dulce era la que se obtenía de las casimbas, sin embargo, se trataba de un líquido bastante turbio por tanto se requería de un proceso de purificación para su consumo. Sobre el particular, el recordado hombre de letras insular Ángel Félix Gómez Rodríguez (Felito), nos comenta lo siguiente: “En Margarita se excavaron numerosos pozos. De esa agua oscura llena de impurezas, bebieron muchas generaciones de margariteños, quienes para clarificarla recurrieron a métodos primitivos pero eficaces, como lo fueron: agregar cardones pelados a los recipientes con el agua turbia para que los mucílafos precipitaran las impurezas. De data reciente fue la adición de alumbre, para el mismo fin (1996: 102).

También relacionado con esta temática, el profesor José Marcano Rosas nos presenta de la autoría del “Poeta del Mar”, Francisco Lárez Granado, el descriptivo verso siguiente: “¡Vive Dios! Que no es lo mismo/la niña de la casimba/que la casimba “La Niña”/en ésta existe un abismo/con agua turbia en el fondo/” (Francisco Lárez Granado, Manuelico Núñez, citado en Marcano Rosas, J., 1979: 164). En este verso, el poeta Lárez Granado hace referencia a una de las cinco casimbas que conformaban el “Pozo Nuevo” del municipio Maneiro, a saber: “La Niña”, “La Esperanza”,  “La Cosa Comía”, “La Condenación” y “La Amargura” (Gómez R., A.F., 1996: 102).

La profesora María Josefina Tejera, en su obra: Diccionario de Venezolanismos, afirma que en la isla de Margarita, el término casimba también se utiliza para identificar a las vasijas de barro usadas para el acarreo de agua (1983: 243). En ese mismo sentido, el señor José Joaquín Salazar Franco (Cheguaco), refiere que la casimba es “toda una compleja y complicada actividad artesanal […] en la construcción de sus casimbas: cazuelitas y tinajitas diminutas” (1973: 17).

Cabe recordar que una localidad del estado Zulia se conoce con el nombre de Casimba de la Villa del Rosario, Perijá  y asimismo, un sector de la ciudad de Cumaná se identifica con igual denominación.

IV

Cuando nuestro amigo el cultor popular y Licenciado, Fernando Fernández, en una comunicación enviada el 3 de abril del 2016 relacionada con esta temática, nos refiere que su padre le comentaba sobre las acequias elaboradas por los conuqueros de La Cruz Grande para desviar el cauce del Río de El Valle y poder regar así sus diversos plantíos, ello nos demuestra que buena parte del conocimiento de nuestros pequeños agricultores relacionado con los variados procedimientos utilizados para el regadío tienen su origen en el desarrollo tecnológico alcanzado por la población árabe establecida durante ocho siglos aproximadamente en la región de Al-Andalus de la Península Ibérica el cual, posteriormente, fue transmitido al continente americano por los colonizadores hispanos tal como se evidencia en la  terminología de uso corriente en el léxico de los campesinos insulares. Entre otras expresiones de esa naturaleza, se mencionan:

Acequia: Canal para conducir agua para el riego. Alberca: Estanque de agua para riego. Aljibe: Estanque de agua para uso doméstico. Noria: Rueda elevadora de agua” (Roldán Cañas, J. y Moreno Pérez, F., 2007: 233 y 234).

Una buena parte de los gobernantes hispanos de la provincia de Margarita durante el período colonial, emprendieron algunas obras públicas con la finalidad de garantizar a la población  el  suministro del preciado líquido. Al respecto, vale citar a uno de ellos, Bernardo Vargas Machuca, considerado como uno de los gobernantes más progresistas que ha tenido el territorio insular. Durante su período de cinco años de gobierno, desde 1609 a 1614, construyó en la Ciudad de La Asunción un sistema para la canalización del agua procedente del río “hasta la plaza de Santo Domingo donde fabricó con mucho arte e ingenio una fuente con siete caños y de su remanente hizo una pila fuera de la muralla donde en tiempos de seca se abrevan los ganados cercanos” (Dorta, Enrique Marco. Materiales para la cultura en Venezuela. 1967: 30. Citado en Subero, J.M., 1977: 27).

En épocas mucho más recientes, finalizando el siglo XIX, específicamente en el año de 1891, se construyó el acueducto de la ciudad de Porlamar y en el año de 1899, bajo la dirección del ingeniero Luis A. Urbaneja Tello, el de la ciudad de La Asunción (Subero, J.M., 1967: 116).

Posteriormente, en la cuarta década de la centuria pasada, con los gobiernos de López Contreras y Medina Angarita, el Estado venezolano decide acometer de manera planificada y organizada el suministro de agua potable para las diferentes ciudades del país. A tales efectos, se crea el Instituto Nacional de Obras Sanitarias, como el ente responsable para desarrollar esas políticas.

En el caso del territorio insular, en el año de 1943, el Senador margariteño Dr. Jóvito Villalba,  solicitó formalmente al Presidente de la República,  Isaías Medina Angarita, una solución al gravísimo problema de la escasez de agua en el territorio insular y de inmediato el INOS inició los estudios para determinar los sitios que presentasen las mejores condiciones para la construcción de las presas o diques requeridos. En principio, fueron seleccionados las localidades siguientes: La Asunción, San Juan Bautista, San Francisco de Macanao, Valle del Espíritu Santo en el Sector Las Piedras y el Valle de Ochenta (Lárez Marcano, J., Diario EL TIEMPO, Valera, 3-IV-2012).

Durante el período de gobierno correspondiente a los años de 1945 a 1948, comienza la construcción de los diques de La Asunción, concluido en 1948 y el de San Juan Bautista, terminado en 1951. El Embalse de Guatamare, se construyó en el año de 1958.

En el año de 1960, el Presidente Rómulo Betancourt, inaugura el acueducto submarino en el Sector Guatamare, pues allí se había construido el dique que sería alimentado desde el Embalse Clavellinos, “Presa Ingeniero Rafael Vegas León”, ubicado en el municipio Ribero del estado Sucre. Refiere el periodista Juan Lárez Marcano, que el día después de la inauguración, el agua depositada en el mencionado estanque de Guatamare había desaparecido totalmente debido a que dicha presa presentaba una fuga. Inmediatamente, el INOS llevó a cabo las gestiones pertinentes y trajo desde Alemania a un especialista, el doctor Alberto Charles, quien elaboró  un barro especial para corregir el escape y solventar, como así ocurrió, dicha situación (Lárez Marcano, J., op.cit.).

Veintiocho años más tarde, el presidente Jaime Lusinchi,  inaugura el segundo acueducto submarino alimentado desde el Embalse Turimiquire, ubicado en la serranía de idéntico nombre perteneciente al estado Sucre y conocida en idioma cumanagoto como Trono de los Dioses.

V

Ahora bien, después de haber hecho esta sucinta descripción nos preguntamos si tales referentes resuelven el problema del suministro de agua que actualmente sufrimos todos quienes habitamos en el territorio neoespartano. Desde el punto de vista tecnológico nuestra respuesta es negativa. Mas, sin embargo, el conocimiento de las tecnologías populares como modelo de gestión para la obtención del vital líquido contribuye a que tengamos una visión más amplia e integral sobre dicha problemática, por cuanto, históricamente, tal como hemos visto, numerosas comunidades a lo largo y ancho de la geografía insular y gracias a su inmensa capacidad creadora, han valorado y sabido aprovechar en grado superlativo ese escaso recurso hídrico mediante la utilización de distintos procedimientos de bajo impacto ecológico, creando entre nuestros pobladores una conciencia sobre el uso y manejo con criterio de austeridad de ese invalorable bien tanto en lo concerniente al regadío de pequeñas plantaciones como en el de la cantidad requerida para el consumo y demás necesidades domésticas.

No se trata de que volvamos a construir pozos para obtener agua del subsuelo sino de crear consciencia acerca de nuestra herencia común, de nuestro legado tecnológico tradicional y valorar en su exacta dimensión cómo, a pesar de esas adversidades, con el esfuerzo, con la tenacidad, con la organización, con ese sentimiento solidario inherente al hombre insular, el habitante de esta tierra, progresivamente, a través del tiempo, fue superando esos escollos. Es esa la lección que debemos aprender de la experiencia vivida. Es en ese ejemplo de gestión donde deben abrevar los funcionarios gubernamentales que tienen bajo su responsabilidad la provisión y distribución del citado líquido en esta geografía, pues, en la medida en que conozcamos e internalicemos la importancia de esas tradiciones características de la cultura del agua insular, reforzaremos también nuestro sentimiento de pertenencia a la estructura societaria neoespartana.

Y ya para finalizar, así como el doctor Uslar Pietri dejó su impronta en la famosa frase relacionada con la siembra del petróleo, en iguales términos, otro prohombre de la República Civil, el doctor Juan Pablo Pérez Alfonso, nos convoca a que seamos comedidos en la utilización de ese importante factor geoestratégico, pues, “el agua en Venezuela si no se le cuida como es debido, se acabará primero que el petróleo”.

Gracias

 

 

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

Antczak, M.  Y Antczak, A. (1986). “El caracol marino en las culturas americanas”. Tópicos. Caracas, Nº 593. Págs.: 24-28.

Atlas Básico Del Estado Nueva ESPARTA (1997). Ministerio del Ambiente (MARNR), Gobernación del Estado Nueva Esparta y FONDENE (Edición Especial para la VII Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno).

Ayala Lafée, Cecilia (1994-1996). “La etnohistoria prehispánica Guaiquerí”. Instituto Caribe de Antropología. Caracas: Fundación La Salle, Nº82.

Castellanos, Juan DE (1962). Elegías de Varones Ilustres de Indias. Caracas: Academia Nacional de la Historia. Serie: Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, Nª57.

Castillo Matheus, N. (1995). “Bantuismos en el español de Colombia”. América Negra. Bogotá: Revista de la Pontificia Universidad Javeriana, Nº9. Págs.: 73-92.

Cedeño, Jesús Rafael (2007). Brasilerías. Caracas: Fundación Editorial, el perro y la rana.

Cervigón, Fernando (1997). Cubagua, 500 años. Caracas: Fundación Museo del Mar.

Colina, Rubén (1998). Margarita la de ayer (Tras el rastro de una identidad extraviada). La Asunción: Fundación Margarita 500 Años.

Gómez Rodríguez, Ángel Félix (1996). Margarita Vegetal. Pampatar: FONDENE.

Lárez Marcano, Juan (3 de abril de 2012) “Los diques de Margarita”. El Tiempo (Valera, estado Trujillo). Recuperado de http; //www.diarioeltiempo.com.ve.

Marcano Rosas, José (1979). Historia y Habla Popular en Margarita. Caracas: Fundaconferry.

Megenney, W. (1979). “El elemento subsahárico en el léxico venezolano”. Revista Española De Lingüística. Año 9, Fasc. Nº1. Págs.89-132.

Méndez De Quijada, Ana (1979). “Estudio Lingüístico de las Variantes Pronominales en el Habla Coloquial de la Región Neoespartana” (Trabajo de Ascenso) Guatamare: UDO, Nueva Esparta.

Morón, Guillermo (2003). Gobernadores y Capitanes Generales de la Provincia Venezolana: 1498-1810. Caracas: Editorial Planeta Venezolana, S.A.

Nárvaez, Heraclio (2000). Crónicas de Macanao. FONDENE, Colección Gustavo Pereira, Nº 10.

Navarro, Nicanor (2008). Chispazos de EL SOL (Decano Oriental). Mérida, ULA y Alcaldía de Maneiro Manuel Plácido Maneiro.

Nectario María, Hermano (1986). La Virgen del Valle de Margarita. Un Gran Santuario Mariano de Venezuela. Caracas: Senado de la República de Venezuela.

Otte, Enrique (1977). Las Perlas del Caribe: Nueva Cádiz de Cubagua. Caracas: Fundación John Boulton.

Roldán Cañas, J. Y Moreno Pérez, M.F. (2007). “La ingeniería y la gestión del agua de riego en Al-Andalus”. REVISTA INGENIERÍA DEL AGUA. Universidad Politécnica de Valencia: Fundación para el Fomento de la Investigación del Agua. Vol.14, Nº3.Septiembre, 2007. Páginas: 223-236.

Salas, Julio C. (1971). Tierra Firme (Venezuela y Colombia). Estudios sobre Etnología e Historia. Mérida: ULA.

Salazar Franco, J.J. (CHEGUACO) (1971). La Tacarigua de Margarita. Editado por el Ejecutivo del Estado Nueva Esparta.

Salazar Franco, J.J. (CHEGUACO) (1981). Mitos y Creencias Margariteñas. La Asunción: Asamblea Legislativa del Estado Nueva Esparta.

Salazar Franco, J.J. (CHEGUACO) (1986). Usos y Costumbres Tradicionales en Margarita. Tacarigua de Margarita.

Suárez, María M. Y Bethencourt, Carmen (1994). La pesca artesanal en la Costa Caribe de Venezuela. Caracas: Fundación Bigott.

Subero, J.M. (1967). Porlamar. Glosa para la Historia de una Ciudad Marina. Editado por el Concejo Municipal del Distrito Mariño.

Subero, J.M. (1977). Libro de La Asunción. Caracas: FUNDACONFERRY.

Tejera, María Josefina (1983). Diccionario de Venezolanismos. Caracas: UCV.

Vila, Marco-Aurelio (1958). Aspectos Geográficos del estado Nueva Esparta. Caracas: Corporación Venezolana de Fomento. Serie: Monografía Económicas Estatales.

Vila, Pablo (1969). Visiones Geohistóricas de Venezuela. Caracas: Ministerio de Educación.

Zafra Peña, Ildefonso (2005). “Aproximación didáctica al Quijote. Sistema Monetario en la época del Quijote”. ASSERTUM. Página web creada por la Junta de Andalucía.

 

NOTA: Ponencia leída inicialmente en el Primer Encuentro sobre la Cultura del Agua en Margarita, realizado el día miércoles 18 de mayo de 2016 en el Museo de Arte Contemporáneo “Francisco Narváez” de la ciudad de Porlamar y, posteriormente, con ciertas modificaciones y algunos añadidos, fue también leída el 30 de abril del presente año en el Foro: El Reto del Agua, llevado a cabo en la Universidad Corporativa SIGO del Pueblo de la Mar.

 

…………………………………………………………………………………

Foro: El Agua en Margarita.

Actividad de la Cátedra de Identidad, José Joaquín Salazar Franco “Cheguaco” avalada por el vicerrectorado Académico de la Universidad Nacional Abierta dentro del marco del Programa de Desarrollo Cultural y Socioproductivo del subprograma de Extensión Universitaria, y por la Fundación Cheguaco, desarrollada en alianza con las siguientes instituciones:

  1. Centro de Estudio y Difusi{on de la Música Neoespartana (CEDIMN)
  2. Academia de la Historia Regional
  3. Asociación de Cronistas del estado nueva Esparta
  4. Diario sol de Margarita
  5. Universidad Corporativa Sigo-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s